Champions' 05. 2
El miércoles se jugaron los otros dos partidos de ida. El bombo quiso en su momento emparejar a los dos equipos de Milán, Milan e Internazionale, ya protagonistas hace dos años de una semifinal que los rossoneri superaron entonces tras sendos empates en los dos partidos, por el simple hecho de haber metido un gol “fuera de casa”, que en este caso, como se sabe, era también la suya. Cosas del reglamento UEFA.
Esta vez, creo, va a ser diferente. Los de Ancelotti se impusieron con cierta claridad, y el resultado final – 2-0 – debería ser suficiente de cara al partido de vuelta, sobre todo visto lo visto el otro día.
La Inter, que no pudo contar con Adriano, jugó un partido valiente y de entrada buscó más la portería rival que su oponente. Poco a poco, sin embargo, el mayor empaque del Milan se fue imponiendo y llegaron los dos goles como por ley de naturaleza.
A mí la Inter hace años que me da la sensación de estar buscando eternamente su forma de ser y jugar, un carácter bien definido. Y de no conseguir encontrarlo. Suena un poco a castigo dantesco, pero es así. Inmisericordes, los hinchas milanistas colgaron una divertidísima pancarta del segundo anillo de San Siro que rezaba “la última vez que ganasteis una liga cantaban Los Rigueria; cuando la última Copa de Europa, Nilla Pizzi”. En efecto. Los Rigueira eran los de “Vamos a la playa, oh-oh-oh-oh-oh”; Nilla Pizzi, extraordinaria cantante, ganó algunas veces el festival de Sanremo en sus albores, una de ellas con un bolero buenísimo – L’edera – que también cantaban Los Panchos (La Hiedra, no sé si antes o después que ella). Más o menos cuando en la Inter jugaban Mazzola, Corso, Facchetti, Picchi y, cómo no, Luis Suárez. Año tras año la Benamata promete volver a contar para los títulos, se gasta dinerales en extranjeros y nacionales de todo pelaje, hace soñar a sus ya desencantados tifosi y... termina en la Champions’ de milagro, a veces ni eso. Hace unas semanas Eric González (interista confeso) en su sección fija de El País del lunes (“Historias del calcio”) recordaba unos cuantos despropósitos cometidos por la Inter a lo largo de la última década. No estaba mal. Para muestra, un botón: soltar a Roberto Carlos porque no defendía bien (lo cual es una verdad como un puño) para fichar a otros laterales desconocidos que defendían peor que el brasileño y no tenían, por supuesto, su pegada. En fin, un misterio.
El Milan, en cambio, sabe lo que se hace, y lo hace muy bien. Tiene una plantilla impresionante y una forma de jugar sólida a la par de creativa e incluso divertida. En ataque puede elegir entre Schevchenko, Crespo, Tomasson o Inzaghi. Casi na’. Si Kaká no está, le reemplaza un tal Rui Costa. Y así sucesivamente. Bueno, sí: confieso que el Milan es mi equipo favorito, pero la verdad es que da gusto verles.
El miércoles pasado me sorprendió una vez más la prestación estratosférica de Paolo Maldini, de largo el mejor lateral izquierdo que yo haya visto nunca. A propósito de Maldini se me ocurren dos pensamientos que dejaré para otros momentos.
Y, por cierto, no tuerza la nariz el que me leyere porque escribo “la Inter”: en Italia todo equipo, además de personalidad y estilo, tiene sexo. El Libro de Estilo de El País afirma que por el hecho de ser squadre van todas con el femenino, pero no es verdad. La Inter es la Benamata, una chica de toda la vida, al igual que la Vecchia Signora del calcio (o dei campionati, o sea la Juventus); pero el Milan es varón (y, aparte, se pronuncia mílan, no me pregunten por qué), al igual que Genoa, Cagliari, Bologna, Brescia, Venezia, Verona y muchísimos más. Y a ver quién es el guapo que les diga a los del Torino que su equipo es hembra, llevando el Toro en el escudo.
Así que, volviendo a lo que nos ocupa, mi pronóstico es que a semifinales pase el Milan.
Es más, creo que el Milan es el más claro favorito para el título final. Y el segundo es el Chelsea, que en realidad fue muy superior al Bayern en el partido del miércoles. El Chelsea me encanta. Defiende y, sobre todo, contraataca, como un equipo italiano, tal como dejó patente en la vuelta contra el Barcelona. A la hora de atacar su propuesta es muy británica, es decir, muy elemental: pelotazo a Drogba que descarga sobre los mediocampistas, los cuales vuelven a empezar la jugada a unos veinticinco metros de la meta contraria. Alguien dirá que es un estilo trivial, pero – a mí que me perdonen – todo estilo es bueno si se sabe seguir y si se tienen los hombres adecuados para ello. Y Drogba lo es, vive Dios. Me gusta mucho la pareja de defensores centrales integrada por Terry y Carvalho, aunque este último tiende a cometer algún error a lo largo del partido. El miércoles hizo un penalti al final que volvió a abrir una eliminatoria casi sentenciada. La cara del magnífico Lampard era un poema tras el silbido final. Frank Lampard es, por cierto, uno de los mejores jugadores del continente. Lo hace todo y todo muy bien: defiende, recupera, cubre, organiza, desplaza el balón en largo con una facilidad y una precisión sorprendentes, domina el juego aéreo, remata certero. Un fuera de serie. Makelele vale su peso en oro; trabaja como una mula, roba cientos de balones y después siempre los juega con criterio. Otro gallo le cantaría al Circo Pérez (Real Madrid C.F.) si no le hubiera soltado aquella vez. Cech es un muy buen portero; Cole una constante amenaza en la banda.
Ahora, el miércoles quedó claro que el Bayern no es exactamente un modelo a seguir para defender ante una propuesta ofensiva de este tipo. Cada pelotazo largo pillaba a sus defensores descolocados. No sé cómo lo conseguían. Les hicieron la misma jugada como treinta veces, y casi siempre había peligro. Me gustaría que pasara el Chelsea, y creo que así va a ser a pesar del gol conseguido a última hora por los alemanes. No hay mucho fútbol en el Bayern. Para algunos de sus veteranos, como Lizarazu y el propio Kahn, los días mejores han pasado ya; Ballack no se dejó ver mucho en Stamford Bridge. Por lo demás el joven ese de nombre impronunciable parece poca cosa y el viejo Scholle no aguanta ya más de un tiempo, si es que llega. Evidentemente la eliminatoria sigue abierta, pero creo que la contra del Chelsea podría resolver las cosas en el Olympiastadion de Munich.
Veo pues en mi bola de cristal estas semifinales: Milan-Olympique y Juventus-Chelsea. De momento me parece suficiente mojadura, aunque en realidad me doy cuenta de que ya he adelantado mis posteriores pronósticos: final Milan-Chelsea y Milan campeón. ¡Allá queda eso!

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