Nereo Rosso habla de fútbol (y otras cosas)

miércoles, abril 13, 2005

Champions' 05. 3

De Felix Magath como jugador recuerdo el gol con el que el Hamburgo ganó la Copa de Europa contra la Juventus en Atenas en 1983. Fue un excelente mediocampista, también con su selección, llevaba siempre como una media sonrisa en los labios y se distinguía, entre otras cosas, por su exquisita deportividad. Ahora como entrenador – actualmente en el Bayern tras una excelente labor en el Stuttgart – sigue la misma línea. Nunca se levanta, ni hace aspavientos, ni pega gritos. Lleva un curioso flequillo picudo como un personaje de Star Trek y no se inmuta por nada. Me encanta. A su lado, otra vieja gloria, mayor si cabe, del fútbol germano: el gran Uli Hoeness, campeón del mundo en el 74. Da gusto verles.
El Bayern no consiguió dar la vuelta a la eliminatoria, harto comprometida a pesar del postrero gol de Ballack en Stamford Bridge. Pero hasta el final dio buena muestra de lo correoso que puede ser un equipo alemán. Ajenos a cualquier desaliento, los de Munich estuvieron peleando y confiando hasta el mismísimo final del encuentro, a pesar del 0-1, a pesar incluso del 1-2 que les obligaba a marcar nada menos que tres goles en veinte minutos para forzar la prórroga. A punto estuvieron de conseguirlo, y yo me quito el sombrero ante tanta moral.
Ahora bien, en cuanto a fútbol el Chelsea fue superior una vez más. Salió el Bayern con Pizarro y Makaay en lugar de Salihamidzic y Guerrero. El joven Schweisteiner o como se llame también fue titular, y arropado por su público hizo bastante más que en Londres. De los dos delanteros yo esperaba a Makaay y apareció Pizarro. El peruano jugó un partido muy bueno, peleando con valentía con los centrales del Chelsea; a veces les sacaba de su sitio y se dejaba caer oportunamente a las bandas, dejando el centro para Ballack.
En el otro bando no hubo señales de Frank Lampard hasta la media hora, cuando metió el primer gol con otro trallazo desde veinticinco metros. Pero no fue su mejor partido. Drogba, en cambio, volvió a demostrar que es un valor seguro y un tipo muy duro de pelar. Kovac, el mediocre central del equipo alemán, se empeñó a fondo para sacarle del partido a base de garrotazos. Primero le hizo una entrada a destiempo barriéndole con todo y lastimándole en la pierna de apoyo. Pareció que Drogba no podía seguir, pero sí. Así en la segunda parte Kovac le hizo otra entrada espeluznante cerrándole las piernas con una auténtica llave de lucha. Afortunadamente para él y para el fútbol, resulta que Drogba es un roble, y no se arrugó.
Así las cosas, celebré especialmente el segundo gol inglés. La presión del Bayern iba aumentando por momentos, aunque sin muchas ideas claras, cuando un despeje terminó en la banda sinistra; allí lo recogió creo que Cole y se llevó el balón hasta el banderín del corner. Tras un requiebro centró. Los defensas habían tenido todo el tiempo del mundo para ocupar la mejor posición y despejar un centro cuyo único fin parecía ser el de aliviar la presión. Pero Drogba se lanzó sobre el balón robándole el tiempo a Kovac y encima consiguió colocarlo donde Kahn no podía llegar. Muy, muy bueno.
El Chelsea sólo tiene un problema, y es en defensa. La pareja central es excelente y por la izquierda Gallas ofrece suficientes garantías. Pero al otro lado ni Johnson, que jugó en Londres, ni Huth, que lo hizo esta noche, parecen estar a la altura de un equipo que aspira a la Copa de Europa. Los dos, curiosamente, cometieron el mismo, garrafal error, es decir, dejar muerto en el área grande un centro por no alcanzar a despejarlo. En ambos casos los del Bayern no anduvieron muy finos a la hora de rematar (hoy Ballak la tenía a huevo y mandó el balón al segundo anfiteatro), pero errores de ese calibre se suelen pagar muy caros. Johnson lo pagó con la titularidad. A ver qué pasa ahora.
De lo de Milan no hay mucho que contar. El partido empezó muy tenso, casi bronco, y la Inter, mientras Adriano estuvo en el campo, dio incluso la sensación de poder marcar. Pero fue un espejismo. La Inter sigue sin encontrar un rumbo claro. Y el Milan – una máquina – le saca varias cabezas. Puntualmente, el que marcó (un gol soberbio) fue Schevcenko. A partir de ahí la Inter tenía que meter cuatro goles, y el partido perdió interés por lo que se refiere a la clasificación para semifinales. Pero al fin y al cabo seguía siendo el derbi de la madunina (la estatua de la Virgen que remata la aguja más alta de la catedral de Milán) y merecía la pena verlo hasta el final. Lástima que pasara lo que pasó.
Intentar comprender y explicar por qué pasan estas cosas merecería (y merece) un estudio bastante más profundo de lo que yo pueda hacer aquí. A lo mejor un día u otro lo intento. Por lo pronto, lo que parece mentira es que en un partido de alto riesgo, de la máxima rivalidad, unos canallas energúmenos puedan colar en San Siro semejante arsenal; lo que parece mentira es que después de la larga interrupción no hayan colocado en el segundo anfiteatro de la puerta defendida por el Milan a unos cuantos policías (que mientras podían haber llegado a toda prisa desde el centro de la ciudad) para impedir que se repitiera el escándalo. Pero no. Toda la Europa futbolísticas a dos velas por culpa de una organización deficitaria y, por supuesto, de esa panda desalmados.
Sólo espero que a la Inter le caiga un castigo ejemplar. En cuanto al partido, pues resulta obvio que la UEFA decretará el 3-0 de oficio a favor de los rossoneri.
A ver mañana qué pasa.