Nereo Rosso habla de fútbol (y otras cosas)

viernes, abril 22, 2005

Habemus Papam

Tras la elección del nuevo papa titulaba el periódico italiano Il Manifesto (uno de los pocos legibles en Berluscolandia) “Il pastore tedesco”, con un juego de palabras algo irreverente que me hizo bastante gracia. “El pastor alemán”. Y es que durante el pontificado de Wojtila, Ratzinger fue indudablemente el perro guardián de lo más rancio y cerrado de la Iglesia católica, enemigo de toda renovación y campeón de todo aquello que hace que tanta gente se aleje de esta institución llegando a veces a detestarla. Si en Europa el agnosticismo se está difundiendo imparable (una razón más para sentirme orgulloso de ser europeo), en otros continentes el catolicismo pierde adeptos días tras días a favor de otras ramas del cristianismo e incluso de otras religiones, como el budismo.
Guiada por tipos como Ratzinger, la Iglesia de Roma lleva décadas empecinada en defender posturas anacrónicas y risibles, que además tienen el defecto de no tener nada que ver con lo que Jesús predicara en su momento.
En cuanto a Juan Pablo II, desde luego, no soy quién para intentar un balance de su pontificado. Sí para decir que jamás me cayó bien, que fue demasiado mediático para mi gusto y que hizo demasiado poco para “actualizar” la Iglesia, si consideramos que tuvo muchísimo tiempo para hacerlo. Tal vez, en vista de cómo acabó su predecesor, decidió mantener una postura más prudente y no poner orden, por ejemplo, en las finanzas vaticanas, que deben de estar llenas de capítulos muy poco santos.
Me hace gracia – eso sí – cuando oigo decir que fue un gran Papa porque “condenó la guerra”. ¡No te fastidia! ¿Qué otra cosa podía hacer uno que dice ser el Vicario de Cristo en la Tierra? Sólo faltaba que la apoyara. Pero es que ahí también no fue hasta el final, desaprovechando una excelente oportunidad para utilizar positivamente su influencia en la opinión pública (total, si le quedaban dos telediarios). Es decir, si condenó la guerra como hizo, ¿por qué no excomulgó al señor Bush? ¿Por qué recibió poco después al señor Aznar aquí en Madrid? Pues no. Los que no pueden recibir la Eucaristía son los divorciados y las divorciadas, por poner un ejemplo de cómo va esta Iglesia.
En su homilía cuando la misa “Pro Eligiendo Pontifice”, el ahora Papa fue tan duro con todo aquello que se aparta aunque sea un pelín de la ortodoxia romana como para hacer pensar a muchos comentaristas que con tanta intransigencia quisiera renunciar implícitamente a ser candidato. En plan: “a mí no me elijáis porque mirad cómo me las gasto”. Ahora, lo que pasó en el Cónclave sólo lo saben los cardenales. Desde luego su elección debió de ser un mazazo para cuantos esperaban un papa más aperturista.
Dicen que lo de ser papa cambia a la gente; que Roncalli (Juan XXIII) llegó al solio de Pedro con fama de conservador y fue y convocó un concilio; que a Montini (Pablo VI) le pasó el exacto contrario. Ya veremos qué pasa con éste. También dicen que su salud es frágil y que no durará muchísimo.
Aunque, personalmente, lo que digan o dejen de decir los papas me da un poco lo mismo, sé que para muchísima gente a mi alrededor no es así; luego me interesa y mucho saber qué clase de inquilino vamos a tener en San Pedro durante los próximos años. Máxime en una época en que, a falta de grandes alternativas en lo político y en lo económico, los temas sociales cobran una importancia mucho mayor. Y en lo social es precisamente donde lo que diga y haga Roma puede tener gran trascendencia para todo el mundo, esto es, para creyentes y no creyentes.